Entre los múltiples elementos que determinan la calidad y productividad de una empresa está, por supuesto, el rendimiento de sus trabajadores. Pero, ¿qué ocurre cuando el absentismo laboral se convierte en un problema serio?
Aunque los controles por parte de las empresas son, en algunas ocasiones, muy concienzudos, lo cierto es que faltar al trabajo puede convertirse en un mal endémico para algunas compañías o negocios, que ven cómo la ausencia de algún trabajador (o trabajadores) afecta de manera muy negativa no sólo a su producción, sino incluso a su imagen comercial.
Las cifras
En general, la media de los países de la Unión Europea es de casi un 5% de absentismo laboral. Los países que más la sufren son Francia, Alemania y Bélgica, mientras que los que menos absentismo presentan son Austria e Italia. Portugal y España se encuentran por encima de la media europea, éste último con más de un 6% de absentismo.
Hay sectores con más incidencia, aunque son los sectores con empleos de carácter administrativo los que más sufren este problema: sector servicios, atención al público, seguros, banca, etc. El tamaño de la empresa influye mucho en la cuestión: las grandes compañías, con más de 1000 trabajadores, sufren de absentismo en mayor medida, ya que los empleados se implican menos en la organización.
Quiénes faltan
Son las mujeres las que practican con más frecuencia el absentismo, siendo el perfil medio el de una fémina de entre 27 y 35 años, o bien más de 55. Las primeras son las que otorgan una mayor importancia a la conciliación laboral y, por lo tanto, se ven obligadas a afrontar una mayor carga y un ingente número de responsabilidades añadidas frente a los hombres de edad similar. Las segundas se encuentran en un tramo de edad que dificulta el acceso al mundo laboral, o la reincorporación en caso de que se encontraran desempleadas.
En general, las personas con un nivel de estudios bajo, inseguras o con capacidades comunicativas limitadas son las más propensas a practicar el absentismo laboral.
Por qué faltan
Son varios los factores que provocan el absentismo, y no todos de carácter personal. Muchas empresas no adoptan políticas de formación para retener a los profesionales jóvenes; esto, unido a sueldos en ocasiones poco competitivos, provoca un absentismo que degenera en marcha de la empresa.
El incremento de las jornadas laborales, que sin embargo no incide en la productividad, también provoca inevitablemente un aumento en las faltas al trabajo. Los trabajadores tienen problemas para conciliar vida personal y vida laboral, por lo que su rendimiento decae y las molestias derivadas conducen a la pérdida de interés.
Las temporadas de descanso prolongadas, como las bajas o las vacaciones, son causas de absentismo; el trabajador no vuelve a “coger el ritmo” cuando se reincorpora y la sensación de cansancio inicial puede acabar por convertirse en un serio problema. El conocido síndrome postvacacional suele ser una de las causas que acaban por degenerar, a la larga, en un problema de absentismo.
Obviamente, el rendimiento personal y la satisfacción laboral son una causa principal para explicar el absentismo. En realidad, y aunque parece paradójico, lo cierto es que el rendimiento influye de manera directa en la satisfacción, y no al revés.
El responsable de la empresa debe tener en cuenta y valorar convenientemente los aspectos personales del empleado, los valores que éste aplica en la realización de sus tareas. El desarrollo de las competencias y la calidad de lo que hace son indicadores de su grado de implicación y satisfacción, y pueden dar una idea de la necesidad de corregir algunos puntos.
Puntos como la retribución, como decíamos antes, el grado de vigilancia a la que se ve sometido por sus responsables, la relación con otros compañeros (y las comparaciones con sus sueldos o privilegios), la estabilidad y la importancia de las labores a desarrollar son factores que pueden contribuir a formar una imagen clara del “absentista” potencial.
Prevenir
Antes estos factores, es responsabilidad de la empresa anticiparse al desencanto y la insatisfacción y prevenir de forma adecuada el absentismo.
Asignar a cada trabajador un puesto idóneo, acorde con sus capacidades, exige un análisis de sus competencias y valores. De esta manera, se previene la frustración derivada. Por supuesto, una retribución adecuada es imprescindible; una opción pasa por establecer un sistema de extras o pluses en relación al éxito del desempeño laboral. El valor añadido refuerza el sentido de pertenencia a la empresa y se consigue implicar al trabajador en el funcionamiento interno de la organización.
La actitud de los jefes y responsables de la empresa es vital para frenar el absentismo. Sin menoscabo de sus responsabilidades, deben tener claro que un trato humano y personal, incluso cercano, con los trabajadores propicia la formación de un ambiente de trabajo estable y cómodo.
Tratar de poner de relieve los aspectos interesantes y atractivos del trabajo, o contribuir a la participación de todos los empleados, fomentando la colaboración, incide en esos puntos y mejora las relaciones laborales.
En general, y aunque pueda parece obvio, un trabajo que resulte interesante y donde la persona se encuentre satisfecha es la mejor garantía de permanencia y rentabilidad.

El absentismo laboral http://bit.ly/gxK1eN